Vivimos en una época en la que estar permanentemente ocupados se ha convertido casi en una demostración de compromiso profesional.
Y en tecnología esto ocurre todavía más.
Calendarios llenos.
Reuniones encadenadas.
Notificaciones constantes.
Incidencias.
Correos.
Mensajes.
Urgencias.
Muchas veces terminamos el día con la sensación de no haber parado ni un segundo, pero también con la sensación de no haber pensado realmente en nada importante.
Porque existe una gran diferencia entre ejecutar tareas y generar valor.
El problema de operar siempre “en caliente”
Uno de los mayores riesgos en departamentos de IT, transformación digital o gestión tecnológica es vivir exclusivamente en modo operativo.
Cuando todo es inmediato:
- las decisiones se vuelven reactivas,
- la arquitectura pierde coherencia,
- aparecen soluciones temporales que terminan siendo permanentes,
- y la compañía acaba dependiendo de sistemas poco flexibles que necesitan ser adaptados continuamente.
Con el tiempo, esto genera algo muy peligroso: tecnología diseñada para sobrevivir al presente, pero no para soportar el futuro.
Y normalmente no ocurre por falta de talento.
Ocurre por falta de espacio mental.
Pensar también es trabajar
Hace unos días releía este artículo de Harvard Business Review:
To Be More Creative, Schedule Your Breaks – HBR
El artículo explica algo que, aunque parece evidente, muchas organizaciones siguen ignorando: la creatividad y las mejores decisiones rara vez aparecen en mitad del ruido.
Aparecen cuando somos capaces de alternar foco y desconexión.
Y creo que esto aplica especialmente a posiciones de liderazgo y gestión tecnológica.
Porque hay decisiones que necesitan algo más que conocimiento técnico:
- necesitan perspectiva,
- contexto,
- capacidad de conectar ideas,
- y tiempo para pensar sin interrupciones.
Muchas veces las mejores soluciones no aparecen delante de una pantalla, sino caminando, conduciendo, tomando un café o simplemente alejándote durante un rato del entorno operativo.
El falso mito de la productividad continua
Existe una especie de cultura profesional que premia la disponibilidad permanente.
Responder rápido.
Estar siempre conectado.
Tener huecos llenos.
No parar.
Pero pocas veces nos preguntamos si ese ritmo realmente ayuda a construir mejores soluciones.
En tecnología, las decisiones importantes suelen tener impacto durante años:
- arquitecturas,
- automatizaciones,
- plataformas,
- modelos de integración,
- estrategias cloud,
- procesos operativos.
Y una mala decisión tomada deprisa puede generar muchísima deuda técnica y organizativa a largo plazo.
Por eso, en determinados roles, pensar no es tiempo improductivo.
Es parte del trabajo.
Cómo generar espacios reales de creatividad
El problema es que estos espacios no aparecen solos.
Hay que protegerlos.
Algunas cosas que personalmente considero importantes:
1. Bloquear tiempo sin reuniones
Si todo el calendario está ocupado, nunca habrá espacio para pensar con profundidad.
No todo hueco libre debe rellenarse automáticamente.
2. Alejarse del ruido operativo
Hay momentos en los que seguir delante del ordenador no aporta nada más.
Cambiar de contexto ayuda muchísimo:
- caminar,
- conducir,
- viajar,
- escuchar música,
- o simplemente desconectar durante un rato.
Muchas veces el cerebro sigue trabajando aunque no seas consciente de ello.
3. Diferenciar urgencia de importancia
No todo requiere respuesta inmediata.
Y muchas veces lo verdaderamente importante no es urgente:
- revisar una arquitectura,
- replantear un proceso,
- simplificar una integración,
- pensar en escalabilidad,
- o diseñar algo sostenible a largo plazo.
4. Diseñar tecnología pensando en el futuro
La mejor tecnología no es la que resuelve rápido un problema.
Es la que sigue teniendo sentido años después.
Creo que en muchos entornos profesionales hemos normalizado demasiado el ruido.
Y quizá deberíamos empezar a aceptar algo importante:
la capacidad de parar, pensar y desconectar estratégicamente no reduce el valor que aportamos.
Muchas veces es exactamente lo que permite generarlo.
Si quieres leer una versión más resumida en inglés, puedes verla en mi LinkedIn.